¿Qué hacemos por las mañanas? Papá lee el periódico tomándose un café, mamá se toma un café hojeando catálogos, Colombe toma café escuchando France Inter y yo, tomo chocolate leyendo mangas.
La elegancia del erizo
Muriel Barbery(Avui. Alas)
Somos un grupo de amigos. Nos gusta cocinar, saborear la amistad y la buena mesa.
Cenan en la rue Michelet, en un restaurante lleno del suave estrépito de platos, una larga cena que casi parece una reminescencia; tanto les complace y les alegra comer en silencio. Alzan la mirada y se descubren intercambiando sonrisas. Al final les entra el sueño. Se atiborran de queso, époises, citeaux, especialidades de una región conocida por su comida.
Interviniendo en la pelea con una naturalidad que frenó la rabia con que la muchacha golpeaba a Daniel, la más grande de las niñas le dio un vaso a Emilia, y Chui Morales se acercó a llenarlo con el aguamanil de barro al que parecía caberle un río de pulque. Luego tomó el vaso de Daniel y lo llenó también del líquido viscoso que a Emilia le había parecido siempre la bebida más repugnante inventada por sus compatriotas. Todos, incluyendo a las niñas, extendieron sus vasos. Morales se los fue llenando, moviéndose de un lado a otro, casi danzando con su jarra en alto, como si cumpliera un rito ancestral. Por último llenó su propio vaso y propuso un brindis por la recién llegada.
Si queréis que os diga mi opinión, la cocina francesa da pena. Tanto genio, tantos medios, tantos recursos para un resultado tan pesado... ¡Todas esas salsas, esos rellenos, esos pasteles que te llenan hasta reventar! Es de un mal gusto... Y cuando no es pesada, es cursi a más no poder: te matan de hambre con tres rábanos estilizados y dos vieiras sobre gelatina de algas, servido todo ello en platos en plan zen de pacotilla por camareros con cara de enterradores.


Como un niño a una rueda,