
Miró el reloj y, viendo que solo eran las tres y cuarto y aún tenía que esperar bastante, y que no estaba bien hacerlo, sin mas, allí sentado, el señor Goliadkin pidió un chocolate del que de momento maldita la gana que tenía. Después de tomarlo y notar que había pasado algún tiempo fue a pagar. De pronto alguien le dio una palmada en el hombro.
El doble
F.M. Dostoyeyski
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