
Margalida estuvo más rato en el agua que tomando el sol y Carvalho la siguió cuando se fue a la ducha pública y luego aceptó tomarse un arroz con bogavante en la Barceloneta, en Can Solé, un restaurante que había respetado la estética de un barrio pescador y los precios del poder adquisitivo de diez años atrás. A veces el dueño le telefoneaba cuando tenía espardenyes porque propiciaban el aroma final de un arroz sólido en el sofrito con sepia y cebolla tostada.
El hombre de mi vida
Manuel Vázquez Montalbán
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