
Esperamos a que viniera para cenar, sentados en torno a la mesa de la cocina, Stella, Virgil y yo, tomando sorbos de vino, mascando rodajas de zanahoria y apio, en tanto que mi madre meditaba melancólica ante su fogón, ocupándose del plato principal, que se componía de callos, trippa Milanese, comida sencilla y austera que armonizaba con la gravedad del momento. Había dejado un espacio a la cabeza de la mesa para su marido, una especie de homenaje, y su ausencia se palpaba en el aire.
La cofradía de la uva
John Fante
(Zanahorias frescas de granja. David Carter Brown)
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