01 julio 2012

La hora de la merienda


Entraban en la casa y les daba de merendar. Leche caliente con miel, y roscas de pan espolvoreadas con harina. A Esteban le gustaba ver cómo la harina se le caía de la rosca y manchaba levemente su vestido a la altura del pecho, y cómo ella se sacudía la harina frotándose la delicada tela con el muñoncito de su mano cortada. No, no parecía faltarle nada. Era antes bien como si otra mano, más frágil y pura, estuviera a punto de nacer del término de su brazo.

La princesa manca
Gustavo Martín Garzo

(Poppyseed Cake. Adolf Fenyes)

1 comentario:

Anónimo dijo...

La mesa es tentadora.